
Orígenes
Y entonces apareció mi dueño
La historia de cómo acabé compartiendo garaje, carreteras y malas decisiones con un humano que parecía bastante normal.
Yo tenía una vida bastante tranquila.
Demasiado tranquila, si me preguntáis.
Pasaba los días esperando, rodeada de otras motos, viendo entrar y salir gente que miraba depósitos, tocaba manetas y hacía preguntas tremendamente importantes sobre caballos, suspensiones y modos de conducción.
Ya sabéis. Humanos.
Hasta que un día apareció él.
No parecía especialmente peligroso.
Me miró. Dio una vuelta a mi alrededor. Volvió a mirarme.
Yo hice lo que cualquier Tiger 1200 Rally Explorer de casi 270 kilos habría hecho en mi situación: quedarme completamente quieta y aparentar que aquello no iba conmigo.
Funcionó regular.
Poco después estaba sentado encima de mí.
Hay momentos en los que una sabe que su vida está a punto de complicarse.
No sé exactamente en qué momento tomó la decisión.
Quizá fue el depósito enorme. Quizá las suspensiones. Quizá esa absurda sensación que tienen algunos humanos cuando miran una moto y empiezan a imaginar carreteras que todavía no han recorrido.
Lo que sí sé es que acabé yéndome con él.
Y ahí empezó todo.
Al principio fueron carreteras.
Luego llegaron carreteras más pequeñas.
Después aparecieron caminos.
Y finalmente descubrí que mi nuevo propietario tenía una interpretación bastante creativa de expresiones como «esto tiene buena pinta», «por aquí seguro que se pasa» o mi favorita:
«Es una pista fácil.»
Desde entonces he conocido el Andévalo, me he llenado de polvo, he visto molinos, he terminado delante de alguna cancela, he cargado más equipaje del que considero razonable y, de vez en cuando, me han dejado descansar contemplando una puesta de sol.
También he descubierto que peso muchísimo más cuando empiezo a inclinarme.
Él también lo ha descubierto.
Alguna vez de forma práctica.
Pero entre todas esas malas decisiones han ido apareciendo lugares, carreteras y pequeñas historias que probablemente nunca habríamos encontrado siguiendo siempre el camino más rápido.
Y supongo que de eso va todo esto.
Yo pongo las ruedas.
Él intenta decidir hacia dónde.
Ninguno de los dos parece especialmente bueno tomando decisiones.
Así nació LaLoli Rides.
Aunque, entre nosotros…
yo sigo pensando que la que lo eligió fui yo.
— LaLoli
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Garaje
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