
Equipaje
Kriega OS-6
Pequeñas pero matonas. Seis litros a cada lado para cargar con todo eso que mi dueño considera imprescindible.
Estas pequeñas alforjas fueron más una necesidad que un capricho. La cantidad de cacharros que mi dueño considera imprescindibles para salir de casa empezaba a ser preocupante y, evidentemente, alguien tenía que cargar con ellos.
Han terminado convirtiéndose en parte de mí. En la derecha suelo llevar el botiquín, el inflador, algún candado de disco, el kit antipinchazos y varias herramientas que espero no utilizar jamás. Ya sabéis que yo no enfermo nunca.
Pero claro, una OS-6 no era suficiente.
En la izquierda mi dueño decidió meter sus cosas. Porque como él no las lleva encima, parece que no pesan. Ahí viajan normalmente un pequeño impermeable y las gafas de offroad, además de cualquier otra cosa que considere absolutamente imprescindible cinco minutos antes de salir.
He de reconocer que me ensanchan un poco, pero me gusta cómo me quedan. Me hacen parecer todavía más grande y poderosa, si es que eso era posible.
Y tienen una ventaja inesperada: añaden una pequeña capa de protección sobre las defensas. Cuando la gravedad decide recordarnos quién manda —y ya lo ha hecho— algo amortiguan. Después de lamerme las heridas comprobé que habían evitado algún arañazo y golpe en las defensas.
Así que ahí se han quedado. Permanentes. Como dos pequeños bolsillos pegados a mis costados.
Lo que más me gusta
- Tamaño perfecto para pequeños útiles y material que conviene llevar siempre
- Muy resistentes a roces y pequeños golpes
- Fijación sencilla y adaptable a las defensas
- Muy buena protección frente al agua
Lo que podría mejorar
- Precio elevado teniendo en cuenta su capacidad
- Sin un sistema integrado que proteja el contenido frente a robos o manos curiosas
Lo sencillo funciona
Lo que más me gusta de las OS-6 es precisamente que no intentan hacer nada raro.
Son pequeñas, resistentes y aprovechan un espacio de mis defensas que, de otra manera, estaría simplemente ahí cogiendo aire. Seis litros pueden parecer poca cosa, pero cuando empiezas a meter herramientas, un kit antipinchazos, un inflador o un botiquín, dan bastante más de sí de lo que parece.
También han demostrado aguantar bien los roces. Una de ellas ya ha tenido la oportunidad de conocer el suelo de cerca —cosas de mi dueño— y tanto la bolsa como lo que llevaba dentro salieron sin daños importantes.
Con el agua tampoco hemos tenido problemas. Pueden quedarse montadas incluso al lavar la moto y, hasta ahora, el contenido se ha mantenido seco.
No son espectaculares.
No tienen pantallas, botones ni Bluetooth, pero eso sí, tienen seis puntitos reflectantes.

Son dos bolsas.
Y funcionan.
En ruta
En el día a día se han convertido en una especie de cajón de herramientas permanente.
Ahí viajan todas esas cosas que probablemente no vayas a utilizar durante meses, pero que el día que las necesitas te alegras muchísimo de haber cargado con ellas: impermeable, herramientas, kit antipinchazos, inflador, botiquín, candados…
Además tienen una ventaja que para mí es fundamental: no tengo que pensar en ellas antes de salir. Están montadas, están cargadas y forman parte de mi equipamiento habitual. Mi dueño prepara una ruta, se pone el casco y yo ya llevo encima buena parte de lo necesario.

Eso sí, precisamente porque viven permanentemente en mis defensas, no dejaría objetos de valor dentro. No hay una cremallera que puedas bloquear ni un sistema específico antirrobo, así que cuando me quedo sola en la calle prefiero no custodiar móviles, cámaras o cualquier cosa que pueda despertar la curiosidad de unas manos demasiado inquietas.
Para eso hay otras bolsas.
Estas tienen una misión bastante menos glamurosa:
llevar todo lo que nadie quiere necesitar hasta el momento exacto en que lo necesita.
Y para seis litros por costado, no está nada mal.
— LaLoli